martes, diciembre 03, 2013

Título en reparación...

Este fue un fin de semana de lo más bizarro, y para ser sincera, un poco desagradable.
Lo bello de ser un ser humano (valga la redundancia), es esa habilidad de poder tomar una situación de cualquier tinte, ya sea malo, bueno, triste, feliz, y poder ser capaces de conseguir una enseñanza dentro de todo ello. Pues bien, los últimos 4 días han logrado reafirmar ese hecho.

En 4 días pude aprender tantas cosas que me he negado a ver en toda mi vida:
El amor y la amistad siempre perduran si son reales.
Dios es más que un tema controversial, es la paz que cada alma necesita pero a su manera y con el nombre de su preferencia y en el lugar que más se preste a ello.
Las oportunidades te son brindadas desde el momento en que eres capaz de despertarte.
Los años podrán cambiar a la gente y alejarla poco a poco, pero eventualmente todos tenemos que regresar a nuestros orígenes.
La familia siempre será el cimiento fundamental del carácter de una persona.
La vida es la cosa más volátil del mundo.

Hoy no escribo un poema, escribo aquello que sale de mi mente, de mi corazón y de mi alma y todo para desahogar viejas costumbres de guardar paja. 
Hoy no escribo sólo por mi, escribo porque no  había caído en razón de la huella tan grande que dejamos en las personas que pasan por nuestro camino.
Hoy escribo por aquellos que partieron y no estaban conscientes de ello.
Hoy escribo por los que aún tenemos oportunidad de dejar una huella tan grande como la de ellos, tan imborrable, tan profunda que no hay ni habrá 'cemento emocional' que logre cubrirlas.
Hoy escribo porque entiendo todo y a la vez no comprendo nada.
Hoy escribo para él, para ella, para ellos, para que nunca nos olviden como nosotros nunca los olvidaremos.

Hoy mi blog no es mío... Es de ellos y su recuerdo.





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