domingo, noviembre 14, 2010

Mayor felicidad a un menor plazo

Relataré cómo comenzó,
casi a mitad de año
cuando en mi camino apareció.

En el momento no lo noté,
aún miraba al pasado
cuando por un momento al presente volteé.

Es extraño cuando caes en cuenta,
de todo lo que pierdes
por negarte a abrir la puerta.

Comenzó todo de manera bizarra,
yo tenía mucho temor
pero al menos dejé abierta una ventana.

Cautelozamente decidí asomarme,
y pude ver que valía la pena,
que tal vez debería arriesgarme.

Y decidí que las cosas fluyeran,
quien sabría si eventualmente
lograría que mis puertas se abrieran.

Cada día a su lado fue diferente,
cada mirada tibia
y cada palabra estridente.

Y ni hablar de aquellos besos,
pareciera como si Dios
al fin hubiera escuchado mis rezos.

Ya de un tiempo para acá parecía necesaria
la presencia de alguien más
que no fuera sólo ordinaria.

El destino lo puso en mi camino con singular demencia,
tuvo que pasar mucho
y tuve yo que desarrollar mi nula paciencia.

Pero al fin está aquí,
y el estar conciente de que hoy está a mi lado
es lo que en este instante me hace más feliz.

Desde mirarlo y atraparme sonriendo,
hasta abrazarlo
y entre sus brazos sentir su aliento.

Porque en su aroma me he perdido,
y me niego a encontrarme
inundada de suspiros.

Porque en este momento no hay nada mejor
que en mi oído estén sus latidos,
y en mi boca su dulce sabor.