miércoles, agosto 27, 2014

El #IceBucketChallenge y sus secuelas

De unos meses para acá muchas 'celebridades' de todo el mundo se han unido a la causa del #IceBucketChallenge  para luchar contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica, echándose un cubo de agua helada en la cabeza y retando a otras celebridades a realizar el reto en 24 horas y donando a la causa para hallar la cura.
Desde ese entonces, mucha gente ha tomado diferentes bandos en cuanto al reto se refiere: Muchos están a favor de realizar los retos, pues crea una conciencia social que ayuda a obtener más donaciones para la causa; otros más que piensan que el desperdicio de agua es catastrófico y egoísta hacia aquellas personas que mueren de sed en países tercermundistas (sobre todo en África).

Pues bien, desde hace un par de días que este movimiento de redes sociales me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas. Supongo que todo está ligado de alguna manera.

Me parece que la causa que se promueve en este caso es bastante noble, hermosa y, hasta cierto punto, heróica. Decir que conozco la enfermedad sería una total y completa mentira, pero como alguien que ha vivido de cerca una enfermedad degenerativa, puedo identificarme con la causa. Como lo dije en mi entrada anterior, cada cabeza es un mundo. Y así es, todos tenemos opiniones diferentes sobre la campaña: que si se gasta muchísima agua, que si no, que si sólo lo hacen por llamar la atención, que si no donan o si si lo hicieron, qué se yo. Debo admitir que he visto muchísimos retos cumplidos, y sólo en el 70% de ellos he visto un link o alguna referencia para realizar la donación, razón verdadera de los vídeos ya tan virales.
Creo que, al convertirse esto en una moda, se ha comenzado a perder la perspectiva del porqué y el para qué de la insistencia de retar a más personas a que se unan a la causa. Muy mal, sociedad. Muy mal.

Que quede notado el hecho de que no he realizado el reto y que no pienso donar, y no porque no quiera, sino porque no tengo ni un peso partido por la mitad en estos momentos. Y créanme, me encantaría hacerlo.

Pero el punto de mi entrada no es totalmente por eso, sino por lo que la ELA me ha hecho recordar: cáncer.

En los últimos 10 años he perdido mucha gente que luchó con uñas y dientes contra una sentencia de muerte inmediata en sus distintos diagnósticos y ubicaciones; pulmones, mama, hígado, huesos, sangre, cerebro, próstata y bueno, cualquier otro lugar al que la metástasis ha podido llegar. El cáncer debe de ser una de las enfermedades degenerativas que más atención atraen por lo común que es, pero me sigue pareciendo que no es suficiente saber que existe. Hay un dato que es bastante cierto: una enfermedad larga y dolorosa la resiente más la persona que cuida al paciente que el paciente en sí.
Yo viví la agonía de mis tíos y de mi abuela, los vi apagarse poco a poco esperando que el tiempo pasara rápido y consiguieran la salud o el alivio dentro de todo su sufrimiento (por llamarlo de alguna manera). Vi hijos separarse de su padre, y una madre separarse de sus dos hijos mayores para después ser despedida por sus hijos restantes y sus nietos. En mi familia nunca nos damos por vencidos, no le tenemos miedo, sabemos que sólo existe la opción de luchar y no hay más.
Pero a pesar de eso, estamos más que conscientes que una cura inmediata o milagrosa no está a la vuelta de la esquina. Las oportunidades no siempre llegan solas, y cuando luchas por tu vida no tienes tiempo para esperarlas.

Desde que supe que hay estudios que determinan si por genética eres portador del gen del cáncer, supe que no era necesario buscarlo, yo lo tengo. Y no tengo miedo a encontrarlo, sino todo lo contrario: tengo miedo a ser indiferente ante las señales que me pueda dar mi cuerpo, porque si bien la pronta detección no me puede salvar, al menos si me podrá dar más tiempo de disfrutar a las personas que amo y dejar todos mis pendientes en la tierra resueltos.
La muerte es inevitable, mis amiguitos. Lamento ser la que se los informe. Si bien no está en mi destino morir de cáncer, tal vez si esté morir atropellada o golpeada por un rayo. La vida es así de frágil y voluble, pero sobre todo, prestada.

Nosotros como familia hemos aprendido a ver el cáncer como una enfermedad más que se tiene que tratar, sin miedos, sin ataduras y con mucho humor. Intentamos decir que no es una sentencia de muerte, pero ahora que lo veo en retrospectiva, me parece que lo es. Lo que no se sabe es que es una sentencia que se puede alargar por el tiempo que nosotros queramos. Por que sí, la voluntad funciona mejor que cualquier tratamiento de quimioterapia o radiación. La he visto trabajar y créanme, nunca he visto nada igual.

Pues bien, sea ELA, cáncer, SIDA o cualquier otra enfermedad degenerativa y/o incurable, es importante crear conciencia, informarse y mejorar nuestra calidad de vida, si es que queremos ser factor de cambio.

Yo extraño a aquellos que se fueron a lo largo de estos años, pero si algo me enseñaron es que el miedo es el único enemigo que hay que eliminar. A veces quisiera no ser una cobarde, pero lamentablemente no todo se obtiene de los genes.

Probablemente estoy cayendo en la cursilería, pero me es imposible no hacerlo cuando a hablar de cáncer se refiere. Esas frases que parecen vacías no lo son del todo, normalmente lo que tenemos vacío es el corazón o incluso la mente.

Un beso a todos y gracias por leer.
Cambio y fuera.

P.D.
Antes de The Fault In Our Stars existió My Sister's Keeper... Al menos para mí, siempre será así.



domingo, agosto 17, 2014

Una cosa por otra

Normalmente se dice que la naturaleza de las personas se conoce realmente en los momentos más críticos de la vida. Cada quien elige qué actitud tomar, qué fuerza emplear y qué ideas defender pero normalmente olvidamos que nuestras decisiones afectan también a las personas que nos rodean y aman.
Supongo que es importante recordar que 'cada cabeza es un mundo'.
Pero a pesar de todo, el amor de los hijos hacia sus padres siempre será incondicional, lo quieran o no. Y es que no importa lo que nuestros progenitores hagan o dejen de hacer, siempre estaremos ahí. Es mera cuestión de naturaleza, instinto si así le quieren llamar. Y es que nosotros como hijos carecemos del derecho de juzgar sus actos, somos espejo de ellos y no ellos de nosotros.
Este tiempo conociendo a otra parte de mi hermosa familia me ha hecho reflexionar sobre la que tengo más cerca, en cuestiones de sangre. Supongo que es momento de madurar y hacer del tiempo presente el máximo a explotar.
Cambio y fuera.