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Mostrando las entradas de junio, 2011

Estas cosas sólo pasan de vez en cuando, pero pasan siempre...

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Mi recuerdo más claro y más viejo de mi infancia es de aquel día en que llegué a Torreón con mi madre. Algo que jamás le he dicho a nadie: la imagen de mi abuela recibiéndome en el umbral de la casa es un recuerdo que me mantiene cuerda desde que tenía tres añitos. Yo no entendía en ese momento, pero mi vida empezaría a ser lo que es ahora desde ahí; desde el momento en que ella se hizo una constante en mi vida. Y con ella, me refiero a mi heroína más admirable, al roble que se negó a doblarse incluso con el peso del mundo sobre sus ramas, al ser humano más sabio que he conocido en mi vida: mi abuela.
La fé era su principal motor y proveedor de fuerza cuando ella más lo necesitó. Las constantes visitas a la iglesia, querrámoslo o no, nos formó a mis primos y a mi de una manera importante. Valores sólidos y bien infundados son sólo unas pocas cosas que nos dejó de legado. Mi abuela tenía el carácter tan fuerte como un militar, pero tan suave como el que toda abuela consentidora debería t…