sábado, noviembre 07, 2015

Crónica de mis 24 inviernos.

El pasado martes 3 de noviembre llegué a mis primaveras, aunque creo que, en mi caso, inviernos sería un término más certero.

Debo decir que cumplir años en el lugar que me vio nacer es la cosa más extraña que me ha pasado. Bueno, tal vez no 'la más extraña' de todas, pero sí está en mi top 5.
Tal y como lo predije en mi anterior entrada, la nostalgia sí que atacó desde muy temprano en la mañana. Pero fue un día tan ocupado que no me dio tiempo de pensar detenidamente en todo lo que me estaría perdiendo de estar de vuelta en casa.

Empezando por el hecho de verme obligada a ir a Juárez, seguida por las mañanitas cantadas por mi familia fronteriza, terminando el recorrido con una laaaaarga línea para cruzar el puente y una 'inspección de rutina' que terminó por provocar que no pagara mi renta a tiempo... Sí, tal vez sólo faltaba que me meara un perro. Pero mi día no acabó ahí (bendito sea Jebús).
Entrando al El Paso me dirigí con una prima al cine a ver Hotel Transilvania 2 (muy recomendable, por cierto) y después a jugar en la liga de boliche a la que pertenecemos.
Mi novio me sorprendió con un pequeño pastel chorreado de chocolate, haciendo mi día aún mejor. Ganamos el juego de la semana, defendiendo así nuestro primer lugar (aparentemente no somos taaaaan malas, después de todo) y de ahí mi novio me llevó a cenar deliciosamente a un restaurante llamado Red Lobster. Hacía ya tiempo que no cenaba cosa tan deliciosa como esa noche.
Al llegar a casa, comencé a leer todas las felicitaciones y eso me hizo sentir un poquito más cerca de mi hogar. Sentí ese calorcito de todos los que me quieren y se tomaron 1 minuto para felicitarme por cualquier medio posible.

Y bien, básicamente ese fue mi cumpleaños. No fue la gran cosa, pero el próximo año planeo hacer algo mucho mayor por aquello del 'cuarto de siglo'. Al menos pasarlo en Torreón no estaría nada mal.




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