jueves, junio 04, 2009

Cuando llamaron y abrí, y no era para mí.


Sentí un poema venir,
una sonrisa aparecer;
me sentí de nuevo vivir.

Ahí estaba y no lo noté,
sin sonido alguno
mi silencio logró romper.

Armonizando mi mundo lentamente,
llenando de paz mi universo,
invadiendo mi vida sin razón aparente.

Mejorando aquello que mal estaba,
inundando de esperanza,
arreglando aquello que roto se encontraba.

Sólo bastaste tú para que la felicidad regresara,
una sonrisa,
una mirada.

Sólo bastó tu voz para que mis oídos de nuevo escucharan,
un solo roce,
una sola palabra.

Bastó solamente a mi vida tu arribo
para iluminar mis días,
para alejarme del frío.

Sentí irradiabas ese calor,
que lentamente irrumpía
en cada escondido rincón de mi corazón.

La idea de verte otro día
me daba ese ímpetu
que tanto faltaba sentía.

Dejar la tristeza atrás,
la oscuridad que reinaba
la sequía de felicidad que acechaba.

Fue rápido e indoloro,
innecesario, perfecto,
suave y tan hermoso.

De lo mejor que me ha sucedido,
apareciste en ese momento
cuando mi mundo ya daba por perdido.

Y de todo lo más irónico,
tanto en común compartimos,
todo, menos lo que podría llamar sentimos.

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